Aquí estoy solo.
Hundido y pegado a la puerta
Donde nadie logra comprender
Que se apaga el alma del poeta.
Viendo a la gente pasar
En mi rincón de alma muerta.
Escondiéndome en Australia,
Sin ventanas y sin puertas,
Sin paraguas y con nubes polvorientas.
Sin nadie que me entienda,
Yo ni siquiera sé
Qué es este fuego que corre
Por mis venas noche y día
Arrasando todo lo bueno,
Y dejando solo el odio
A mi propia ignorancia
Hundiéndome en la miseria
De vivir una vida que no comprendo.
Por Tomás Damián Mora Podio
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Hoy mi corazón se ha cansado de tantos desengaños. Ha tenido que ayudarle su amiga la Razón, uniéndo sus trocitos, como si de un puzzle se tratara, pues alguien lo había maltratado a conciencia.
La Razón le ha vuelto a repetir, tras vivir muchas veces esta escena, que no debe confiar tanto en las personas, que aunque no lo crea, las hay de las que sólo se divierten haciendo sufrir al prójimo. Pero nada, mi corazón no atiende a razones.
Hoy, tras otro desengaño más, no ha podido aguantar y ha hecho las maletas. En su equipaje no lleva gran cosa: el amor que le han dado los que le han querido, y los que no, los sabios consejos de su amiga la Razón, y un pedacito de corazón aún virgen, sin ningún rasguño, dispuesto a volver a amar ciegamente al próximo pretendiente.
Bueno, las 11 menos 20 de la noche y a mí todavía me queda estudiar un rato más, nos vemos mañana.